EL
PERFECCIONISMO
El término
“perfeccionismo” puede ser aplicado a personas de características muy
diferentes. Consideremos los tres ejemplos siguientes:
1) Las personas que trabajaron junto al
director de cine James Cameron durante el rodaje de la taquillera película Titanic,
a menudo lo describían en entrevistas como un tipo perfeccionista. Contaban
historia acerca de cómo se ponía hecho un basilisco cada vez que algo no se
hacía a su manera. De hecho, fue este aparentemente fuerte temperamento de
Cameron el que originó incontables artículos en los medios de comunicación
pocos días antes del estreno del filme.
2)
En
su biografía de 1994, El movimiento nunca engaña: Una autobiografía, la
bailarina de ballet canadiense Karen Kain se describe a sí misma como una
perfeccionista, a pesar de que desde hace tiempo ocupa un lugar entre las
figuras más respetadas del mundo del ballet, en ocasiones ha sufrido brotes
de depresión, debido a los niveles de rendimiento que ella misma se auto
impone, y que raramente se siente capaz de alcanzar.
3) El personaje de La extraña pareja Felix
Unger (interpretado por Tony Randall en televisión y por Jack Lemmon en la gran
pantalla) fue considerado por mucha gente como un perfeccionista. Este
personaje insistía en que todo debía estar ordenado, limpio y arreglado,
actitud que sacaba de sus casillas a su no tan ordenado compañero de piso.
Cuando encontraba la más mínima muestra de desorden en su apartamento, Felix
comenzaba a sentirse ansioso.
Cualquiera
de estas tres personas podría ser tachada de perfeccionista. En cualquier modo,
los tres son muy diferentes en la manera de expresar su perfeccionismo.
En el primer caso, el perfeccionismo se asocia a la ira; en el segundo,
se asocia a la depresión; en el tercer caso, el perfeccionismo se asocia
a la ansiedad, la inflexibilidad, a la falta de espontaneidad. A pesar
de estas diferencias, los personajes de cada uno de estos tres ejemplos
tienen una importante cualidad en común:
En cada
caso, el sujeto aparenta haber fijado unos estándares o expectativas
acerca de otros o de ellos mismos, que no pueden ser alcanzados o que lo serían
a un alto coste.
El
perfeccionismo se asocia a menudo con ciertos problemas psicológicos, como
la ira excesiva, la depresión, la ansiedad social, los problemas de
imagen corporal, las conductas obsesivo-compulsivas, y la preocupación.
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